miércoles 10 de febrero de 2010

Haití, ONG y comunicación

(imágen de www.elqudsi.com)

El terremoto en Haití ha servido para que los medios de comunicación repitieran su manual de cobertura de desastres, sin aportar mucho más que morbo, lugares comunes o espectáculo. Los 5 requisitos indispensables para que el circo mediático se instalase en Haití, perfectamente descritos en '¿Qué hace Piqueras en Haití?', ha desplazado a cientos de reporteros/as a llenar horas de imágenes, hacer y hacerse la foto.

Mientras tanto, pocas ONG han salido en los medios como fuentes de información. ¿Acaso 'Haití' ha sido lo suficientemente grande como para regalarle el protagonismo a otro? Muy probable. Cuando el tema ya no interese a los medios y cubran el expediente con entradas esporádicas, ¿a quién recurrirán?

Entretanto, en las webs de las ONG ha habido multitud de mensajes y varias coincidencias.

En líneas generales, abunda la falta de información sobre el país, denuncias de causas o resposabilidades (imprescindibles, que sí encontramos en otros espacios). Su lugar, o mejor dicho el lugar protagónico está capturado por una comunicación que tiene componentes similares: autopromoción/protagonismo ("estamos haciendo, hemos ayudado, hemos enviado..."), información ambigua u obvia (grandes daños, grandes pérdidas, gran sufrimiento...), invitación a 'participar' ("pon nuestro banner en tu blog..."), y todo este pack, funcional a la recogida de fondos (dona/apadrina/hazte socio/a y listas de cuentas bancarias), grandes slogans legitimistas ("en Haití desde hace 30 años... 40 años cambiando la sociedad haitiana...") que de tan simples ofrecen en bandeja su propia trampa: tantos años de cooperación allí y ¿por qué Haití sigue siendo el país más vulnerable y desigual de América? ¿Y por qué casi ni lo sabíamos antes?.

Detrás, literalmente detrás, podemos encontrar información interesante, críticas o propuestas... Como este fragmento del blog 'Desde el terreno' "La segunda escena ha sido ver como una supuesta ONG de cuyo nombre no quiero acordarme, llegaba en una furgoneta al Campamento de Sainte Marie, abría las puertas traseras y empezaban a lanzar ropa usada a la multitud, que inmediatamente ha comenzado a gritar y pelearse por agarrar alguna cosa. Ha sido una situación que me ha hecho pasar vergüenza ajena. Parece que todo vale en estas situaciones, incluso trabajar sin ninguna planificación ni criterio, llevando a los más desesperados a comportarse como bestias sin ninguna necesidad; reduciendo a escombros también los restos de dignidad que les queda, y además marcharse orgullosos de estar ayudando al pueblo Haitiano y listas para plasmarlo en un informe. No solo necesitan agua, comida y ropa, están ávidos de respeto. Y a veces no lo encuentran bajo la bandera de “lo que sea pero cuanto antes”." O esta propuesta educativa en Intermón-Oxfam, o un caso de organización de voluntarios/as haitianos/as para proteger a las mujeres ante posibles violaciones. Pero, en general, para llegar a este tipo de contenidos se ha de sortear (y aveces cuesta demasiado) el escaparate de la donación.

Algunas organizaciones, en cambio, han colocado en primer plano la denuncia o la explicación de causas, y es de destacar. Tal es el caso de Acsur-Las Segovias, que ha centrado sus mensajes impulsando la campaña Quién debe a Quién?, al igual que el Observatori del Deute de la Globalització. O Veterinarios Sin Fronteras, con espacios como éste, o Ingenieros Sin Fronteras, aportando más información que la propia.

Son algunos oasis entre tanta comunicación difusora, individualista, promocional. Un modelo comunicativo copiado del mundo de la empresa (desde cuándo a la Coca-Cola le ha importado que reflexionemos más allá de 'con o sin azucar') o de la administración pública, que se ha propagado en exceso y no permite 'al sector' como tal avanzar en un discurso fuerte de impugnación a los modelos de desarrollo, o que se comunique con (y no "a") la sociedad más allá de la oferta de la donación. Mucho menos, facilitar espacios para que las sociedades se comuniquen entre si. O que los relatos sean de este estilo: "...nos recibieron desde el primer día con los brazos y las mentes abiertas, para ayudarnos a identificar y filmar las situaciones de la vida cotidiana que sirvieran para hacer entender a la gente en España que, incluso en las condiciones más desfavorables, con la naturaleza y el contexto nacional más adverso, la gente se organiza, demanda y promueve cambios y, sobre todo, trabaja y lucha por salir adelante, alimentar a sus familias y construir un país.".

Atrapados/as en estos modelos comunicativos, a los que hemos llegado en muchos casos por inercia, porque eso es comunicación, o no?, repetimos los mismos errores... ¿Por qué utilizamos indiscriminadamente fotos de niños/as haitiano/as? ¿Por qué la población local rara vez tiene nombre? ¿Se nos olvida acaso citar nombres y cargos de 'los nuestros'? ¿Podemos impugnar el modelo de desarrollo desde una comunicación que (incluso bienintencionada) mantiene las diferencias, la superioridad de quién ayuda a quién?

Si "estamos en Haití desde hace x..." ¿por qué no se utilizan las webs para dar información útil a las personas damnificadas? ¿O a haitianos/as residentes fuera de su país? Ellos/as también deberían ser nuestro público. O mejor aún, propiciar espacios de diálogo entre usuarios/as-personas en igualdad de condiciones.

Pero, ¿se puede conseguir? En el taller que realizamos en el FSCat (La crisis del discurso de la solidaridad: hacia una agenda social de la comunicación), entre todas las personas asistentes, concluimos que sí, y que la mayoría de las causas de no haberlo conseguido hasta ahora, están a nuestro alcance cambiarlas o que podemos influir para lograrlo. Pero eso sí, hemos de modificar el modelo comunicativo publicitarista, que divide a las personas entre objeto y audiencias y que las mantiene aisladas para ejercer de único interlocutor.

Y necesariamente, el camino comienza por derribar la pared que separa a los departamentos de comunicación y educación para el desarrollo o cooperación.

domingo 7 de febrero de 2010

Cómo contar las catástrofes (I)


Lo que nos contaban desde Haití l@s cooperantes sobre el terreno, y lo que salía en los medios, no ha empezado a coincidir hasta casi un mes después.

Ante la crítica al sensacionalismo y a los enfoques inadecuados de la cobertura informativa, algunos periodistas se revuelven: mejor para vosotros, más reacción, más dinero para las ONG. Y aún más perverso todavía que los propios haitianos lo crean también…

“el meu espòs encara no ha pogut venir amb mi. És haitià. Parlo amb ell cada dia, jo li explico el que sabem des d' aquí i ell el que es veu o es sent allà. Li vaig explicar la cruentor d'algunes imatges d' algunes cadenes de televisió; li deia que no feia falta, que ho fan per cridar l' atenció de l' espectador i que em semblava brut. I ell em va respondre que nooooooo, que ja estava bé així, que si no ens oblidaríem abans d' ells!”
(comentario en un chat con Antoni Bassas, corresponsal de TV3).

Pero algunos buenos periodistas saben que no deben suplir el desconocimiento con sentimentalismo, y que no deben lastimar aún más a los afectados por una tragedia con crónicas o fotos que ofendan su dignidad, personal o colectiva.
"Ocurre siempre con las historias importantes. Que te hacen volver a lo fundamental del negocio. Como recordarte, por si acaso, que no se debe tomar partido. O dejarse llevar por los sentimientos.
O sea, no olvidar que no somos ni comparsas ni enfermeras.

(…) Lo nuestro es contar las noticias. No es tan complicado. Aquí un terremoto, aquí hay tantos muertos, aquí hay hambre. A poder ser explicando un poco por qué, cómo, cuándo, quién y pequeños detalles así. Intentando que se entienda. Y no liarlo todo.
(…) Y entonces esperar que, efectivamente, tú hayas hecho tu parte con la honestidad que pretendías y contribuido desde tu pequeña esquina a que todos sepamos un poco mejor en qué mundo vivimos. A fin de cuentas, las noticias no se las cuentas a espectadores sino a ciudadanos".

Fran Sevilla de RNE:
“El pueblo hatiano es un pueblo de una gran dignidad”, me insiste sor Martina. Es evidente. Estos días se está viendo, lo estamos viendo. No ha perdido la dignidad ni la compostura a pesar de estar viviendo la peor catástrofe de su historia; y aunque no lo entiendan quienes sólo saben medirlo todo en términos militares y lo único que les importa es enviar soldados”.

Y sobre todo, Joaquim Ibarz de La Vanguardia (en la foto), maestro de corresponsales, que denuncia clara y abiertamente la visión sesgada que se ha dado, sobre lo que estaba ocurriendo en Haití.

"Cualquiera que haya seguido la catástrofe de Haití tan sólo por las imágenes que han transmitido las cadenas de televisión de todo el mundo, habrá sacado una visión parcial, incluso deformada, de lo que ha pasado en la golpeada nación caribeña. Durante dos semanas, los telediarios y muchos periódicos, se han volcado en mostrar actos de violencia, saqueos donde no había nada que saquear, desórdenes en la entrega de ayuda, tiros al aire de la policía para disolver trifulcas ante camiones de reparto.

Con excepciones, como los enviados de TV-3 y Antena-3, éste es el Haití distorsionado que han mostrado la mayoría de los medios, plegándose a cierto amarillismo, cebándose en lo trágico, sin enseñar la realidad de un pueblo que pide respeto, dignidad y trabajo. Ni una cadena, ni una agencia, se interesaron por la destrucción del Museo Nader, principal patrimonio cultural de Haití, que mostraba la mejor colección de pintura naïf del mundo. De 15.000 cuadros, apenas se rescataron 400.

(...)
Centenares de periodistas han recorrido en frágiles motocicletas, día y noche, calles atestadas de damnificados sin que nadie haya sufrido un intento de asalto, ni una muestra de hostilidad.

(...) En el semi derruido Hotel Villa Creole, feudo de muchos periodistas españoles, hemos dejado cámaras, dinero y teléfonos satelitales en cuartos que no cierran: a nadie le faltó un centavo. Los ordenadores permanecen sin vigilancia horas y horas en improvisadas mesas de trabajo mientras los reporteros recorren la ciudad. No desapareció ni un enchufe.

(...) De las ruinas del terremoto emerge un pueblo noble, sufrido, de brillantes aportes en la pintura naïf, la música y las artesanías, que reivindica la raza negra, mantiene la cultura de sus ancestros y busca superar una historia de satrapías y racismo que hiere la dignidad humana."

La Vanguardia publicó esta opinión de su corresponsal (cosa muy inhabitual) y ha vuelto a abordar el tema con una pieza titulada Cuando la visión obscena de la pobreza se convierte en materia prima de la guerra por las audiencias. Muestra muy bien como las pobrezas del Raval y de Haití comparten "modelo" des-informativo.

Begoña Román, miembro de la Comisión de Seguimiento de Código Ético de la Federació Catalana d'ONGD niega de plano que la divulgación de imágenes de personas postradas por la miseria tenga "la más mínima eficiencia social". Todo lo contrario, alienta "la indiferencia en la medida en que está unida al entretenimiento". "La espectacularización de la miseria es una nueva versión del pan y circo".

jueves 28 de enero de 2010

La crisi del discurs de la solidaritat: cap a una Agenda Social de la Comunicació



Dissabte 30 al Fòrum Social Català, organitzem el taller:


La crisi del discurs de la solidaritat:
cap a una Agenda Social de la Comunicació

18 hores/ Aula 4.1
Universitat de Barcelona

La gran crisi del capitalisme, la millor oportunitat que hem tingut en els últims 15 anys per impugnar el sistema, no ha servit per col·locar a l’imaginari col·lectiu la idea que hi ha alternatives, i que són viables. Ben al contrari, les sortides que el poder polític i econòmic està buscant a la crisi passen per trencar la solidaritat amb els immigrants, a casa nostra, o amb els països empobrits. Les entitats, ONG i organitzacions socials hem fracassat comunicativament? O col·lectivament?

Des de fa anys som conscients de la importància de la comunicació, i les nostres reflexions són recurrents però només solen arribar a dos punts: critiquem els grans mitjans (però continuem intentant sortir-ne) o decidim fer mitjans propis. Els esforços de molta gent se centren en analitzar, criticar, fer o difondre informació alternativa a l’hegemònica. Hem aconseguit construir un sistema paral·lel o complementari de comunicació, realment alternatiu? O hem perdut massa temps amb això?

Al Fòrum Comunicació, Educació i Ciutadania-Cicomunica volem reflexionar col·lectivament sobre el nostre model comunicatiu i mirar de trobar noves eines, llenguatges, enfocaments... que ens permetin deixar de parlar només als convençuts, i arribar realment a la societat.


Dissabte 30 de gener/ 18 hores/ Aula 4.1 UB, Plaça Universitat

No s'acaben aquí els tallers de comunicació al FSCat. A CanalSolidari.org també hem parlat de la resta!

lunes 25 de enero de 2010

La Aecid y los periodistas

Se extiende la crítica a la cobertura sobre Haití entre los propios periodistas y las instituciones especializadas.

Núria Ribó en 59 segundos le preguntó a la embajadora de Haití en España (una fuente local: bien!) por algunas imágenes que, según ella, rozaban lo publicable.
La embajadora estuvo contundente: basta de “esas” imágenes. Además, a los salvadores estadounidenses les recordó el Katrina, dijo que esperaba que las "peleas" de los donantes se tradujeran en un apoyo real y continuado, sin imposiciones, se mostró partidaria de "ordenar" el trabajo de las ONG y aseguró que, por supuesto, los haitianos podían hacerse cargo de su país, porque seguía viva mucha gente capaz.

Jacobo G. García, de El Mundo, debe haber levantado ampollas con su crítica pública a los compañeros desplazados a Haití: Rosa María Artal, ex de TVE, por su parte, ha matizado esta crítica muy adecuadamente: si no queremos militarización de la ayuda, tampoco espíritu guerrero en las crónicas. Milagros Pérez Oliva se ocupa del tema como Defensora del Lector de El País, pero se limita a responder a las críticas sobre la publicación de ciertas fotos, sin entrar en otros debates de profundidad.

Desde el sector, Francisco Rey y Jesús A. Núñez, del Iecah, resumen muy bien la indignación de los que nos dedicamos a la cooperación y los conflictos por esta “barra libre para la solidaridad de todo a cien” en que se han convertido las radios y televisiones.

En una de las cosas que acierta el periodista de El Mundo es en plantear cual debe ser el papel de la Aecid o de las las diferentes agencias de cooperación en estos casos: ¿facilitar el transporte y el alojamiento a los periodistas?, ¿ procurar que aparezcan sus logos en las crónicas?, ¿no sería mejor asegurarse de que los periodistas saben algo de ayuda humanitaria y de políticas de cooperación, o que disponen de información alternativa a la previsible? ¿los gabinetes de prensa de estas agencias orientan su trabajo según las estrategias que ellas mismas marcan de sensibilización y educación para el desarrollo?

En las facultades españolas solo un par de posgrados forman en periodismo de conflictos y paz o en periodismo preventivo. La Estrategia de Educación para el desarrollo de la Aecid, establece como línea prioritaria la “sensibilización y promoción de la educación para el desarrollo entre los profesionales de los medios de comunicación”. La cobertura sobre Haití muestra hasta qué punto esta tarea es prioritaria y urgente.

La Aecid se plantea incorporar asignaturas especializadas en las facultades de Ciencias de la Información; organizar seminarios, talleres y jornadas dirigidas a informar, formar y orientar a los profesionales de la información; incentivar su participación en reuniones nacionales e internacionales relacionadas con el desarrollo; fomentar y organizar encuentros de agentes y medios de comunicación de países donantes y socios para estudiar fórmulas que hagan posible el fomento de redes de comunicación alternativas, y que la voz del Sur sea la protagonista de la información transmitida en los países donantes, o crear un programa de intercambio que permita que profesionales de los medios de comunicación o estudiantes puedan realizar estancias formativas o de intercambio en medios de comunicación de los países socios, y en organismos internacionales relacionados con la cooperación al desarrollo.

Sólo medidas como éstas permitirán a los profesionales sensibles especializarse o descubrir por qué las coberturas actuales de catástrofes son contraproducentes para cualquier tipo de desarrollo futuro, y por qué reflexiones como las de M. Riviere son más profundamente educadoras y útiles, que las miles de páginas de Internacional desaprovechadas estos días:

Edificante principio de año: salvamos negritos en Haití mientras tratamos de hacerles la vida imposible en Vic, por ejemplo. Recorremos miles de kilómetros para alardear de generosidad y desprendimiento -caridad, al viejo estilo- en la feria de la beneficicencia global, pero somos incapaces de hacer un hueco a quien acude a nosotros.