domingo, 26 de junio de 2011
Periodismo de shock: la mirada colonial en Haití
sábado, 5 de febrero de 2011
Otra foto de Haití (II)

sábado, 1 de enero de 2011
Haití en 360 grados: nueva tecnología, vieja mirada
De las miradas coloniales en la cobertura mediática del terremoto de Haití podríamos hablar horas y horas. Ya sabemos que la catástrofe desató la avidez de centenares de periodistas. Desembarcaron, vieron y contaron: Haití, colonia for export. Pero poco se ha hablado de la huella colonial impresa en la tecnología con la que a veces se contó.
Fijaros en este artilugio colgado en la web de la CNN:
Bill Ashcroft cuenta en su libro Post-colonial transformation cómo desde que el pensamiento griego privilegió la vista como vía de cognición por encima del resto de sentidos y formas intuitivas o imaginarias ésta se convirtió en un “medio”, también, de colonización.
Los mapas son un buen ejemplo de esa lógica. En ellos se dibuja y nombra lo visto. Los espacios en blanco son blancos vacíos porque Europa no está, representan la ausencia de modernidad y civilización, una ausencia que debe ser “llenada” a través de la exploración, la observación, el mapeo y el nombre.
La perspectiva como manera “razonable” de pintar/conocer el mundo también implicó, según Ashcroft, la división entre el objeto y el sujeto y la entrada de la ideología occidental en el establecimiento de su significado. “Una de las estrategias más poderosas de dominación imperial es la vigilancia u observación: porque supone alguien que ve desde un punto elevado, sugiere el poder de procesar y entender lo que es visto, y objetiviza, e interpela, el sujeto colonizado de manera que fija su identidad en relación con el observador”. “El acto de mirar no sólo conoce lo que mira, ocupa espacio, se convierte en lo que mira”. ¿Qué tal esos cuadros victorianos en los que los exploradores/colonizadores observan/poseen desde lo alto de una colina lo salvaje/inexplorado que se abre a sus pies?
En su libro Imperial Eyes, Mary Louise Pratt analiza esa huella en la literatura de viajes de los siglos XVIII, XIX y XX. La narración de lo ausente o deficiente sugiere una necesidad de intervenir social y materialmente. De acuerdo a Pratt, esa postal victoriana del explorador/colonizador que observa, describe y posee “lo nuevo” se repite en el reporterismo occidental que cubre las independencias africanas en los sesenta o las guerras civiles centroamericanas de los 80s. Sólo que la observación no se realiza desde la cima de un monte, sino desde el balcón más alto del Sheraton. ¿Lo mismo en Haití?
Más allá de las teorías, a mí subir al coche de la CNN me genera una sensación de victoria e invulnerabilidad que raya el asco: yo soy el blanco intocable que ve y observa el desastre de ellos. Tengo mirada omnipotente, y avanzo a la velocidad que quiero, mientras ellos andan sin rumbo. En mi cabeza tengo planes para reconstruir lo que veo. Los llevaré a cabo; ellos seguirán vagando.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
El peligro de las "historias humanas" (I)

Los periodistas siempre nos piden “historias humanas” pero las ONG tenemos un problema con ellas: como le escuché decir a Eduard Martín-Borregón, de Alba (toxicomanías), “las mejores historias no las podemos explicar, no podemos exponer a los medios a determinadas personas”. Touché. ¿No sirve este argumento más allá de nuestras fronteras?
Se acabó agosto y con él la serie de reportajes de El País “Los agujeros negros del planeta/Vidas sin presente”. Cierto que el título dejaba poco margen al buen rollo. Parece que no hay otra manera de llamar la atención sobre este tipo de iniciativas. Una serie anterior de EPS que ya comentamos aquí se llamó Testigo del horror, y entonces Vargas Llosa se fue a la República Democrática del Congo, Millás a Cachemira y La Restrepo (the best) a Yemen.
Los periodistas suelen esgrimir como razones de la superficialidad con la que abordan asuntos lejanos y complejos, la falta de espacio y de tiempo. Los reportajes dominicales de J. Ayuso, sin duda hechos con la mejor intención y acompañados por diferentes ONG, aún con varias páginas, no salen de las habituales narrativas sobre la pobreza: largos catálogos de “historias humanas de miseria”, de historias individuales para poner rostro, que acercan tanto el objetivo, que desenfocan todo lo demás. Y hermosas fotos a página completa que reducen identidades y perpetúan imaginarios: niños de la calle, niñas prostitutas, santeras, bandas, niños africanos desnutridos, mujeres asiáticas quemadas con ácido, rituales de vudú…
Un mes. Cuatro países. Cuatro relatos sin más argumento que el fracaso. El contexto se limita a unas pequeñas columnas rollo wikipedia, y las pocas causas que se abordan son casi todas internas: dictadores, religiones perjudiciales, promiscuidad, agresividad, corrupción… Los agujeros negros lo son por una perversa mezcla de fatalidad e incapacidad que provoca víctimas inocentes: niños apadrinables con familias maltratadoras, enfermos estigmatizados por culturas y sociedades supersticiosas, mujeres y niñas en permanente riesgo de agresión.
Y tampoco hay soluciones: “han sobrevivido a la malaria pero su futuro no es muy prometedor”, “Como el propio país. Allí no funciona casi nada y tampoco se espera que lo haga. La vida transcurre cansinamente, sin objetivos ni esperanza”, “vidas sin pasado ni futuro”, “como si nunca hubiera pensado en un futuro que realmente no existe”, “esperamos la muerte” etc.
Especialmente malo el enfoque sobre Haití: “¿Cuál es el futuro de Haití? Los haitianos no saben o no quieren responder. Conocen su historia y su clase política. Han sufrido las dictaduras y están acostumbrados a las catástrofes naturales”. O “5-300 millones de dólares de los principales donantes internacionales esperan a que haya un gobierno decidido a actuar con un proyecto y sin corrupción. Algo difícil para un país que como dice R. Gumucio, prefiere ahorrar dinero para el funeral de sus hijos antes que para su hospitalización”.
Una excepción para la regla: en el repor de Gaza el mismo periodista cambia la mirada y la politiza. La desesperanza tiene responsables, y no son solo internos. ¿Por qué no se explica la pobreza de Bangladesh, Haití o la República Centroafricana como se explica la de Gaza? ¿será que para contar cualquier pobreza un periodista requiere de tanta especialización como un periodista político o económico? ¿será que la miseria no interesa por que no es noticiable o porque no salimos de la descripción conmovedora propia de las excursiones solidarias?
Y algo muy bien hecho en todos los reportajes: en general el trabajo de la cooperación se explica muy bien. Casi todos los protagonistas son profesionales locales, se habla del trabajo de las ONG locales y se citan sus nombres, y también de como las ONG se coordinan o actúan a petición de los gobiernos locales.
El problema no son las historias humanas, sino que sea la misma historia repetida: la misma desde la colonización. En los repors de El País las mejores historias se descartan, se pasa por encima. Haití está plagado de gente que sabe lo que haría con su país: solo hay que buscarlos! Momento-autopromoción: en La Magalla, entrevistamos a una líder campesina y al director de una radio comunitaria.
Y en el repor de Bangladesh aparecía Nila. Bella aún desfigurada. Mirada dulce, pero valiente. La cara abrasada con 15 años, líder social con 17. Con su organización de mujeres trabaja para que juzguen a los agresores. ¡Esa era la gran historia que merecía cuatro páginas! El Sur está lleno de historias como esa.
Los pobres que tienen esperanzas inquietan a los poderosos (Jon Sobrino).
miércoles, 5 de mayo de 2010
"Las ONG no quieren que los periodistas mostremos niños o que hablemos del olor a muerte"

Desde las ONG se pide que los periodistas sean notarios asépticos, que no hablen de muertos, que no muestren niños, que no hablen del olor a muerte. Parece que buscan una imagen de “Alicia en el páis de las maravillas”.¿Por qué nos interesa vernos como protagonistas, como salvadores de la desgracia ajena, y verlos a ellos como víctimas? ¿Porque movilizamos más fondos y más emociones si comunicamos así?Los medios nos han dado una imagen simplificada y a grandes brochazos de la situación de Haití. Este tipo de comunicación consigue “anestesiarnos” y no contribuye a generar cooperación a largo plazo.Quizás desde los medios no fuimos demasiado justos con la población haitiana al hablar durante días de pillaje y barbarie. Fue injusto trasladar una visión del pueblo haitiano “salvaje” o “bruto”.Creo que existen prejuicios sobre los medios de comunicación o sobre cómo trabajamos los periodistas en una situación así.Fue una información de shock para una situación de shock.Algunas ONG estaban por allí pululando, había muchísimas, parecía el “Fitur de las ONG”.La gente en ese momento no quería saber cómo es Haití, qué problemas tenía antes del terremoto, quería saber qué estaba pasando en ese momento. Por eso hicimos periodismo de sensaciones.Por primera vez después de un desastre natural nos llamaron muchas ONG para ofrecernos contactos con sus cooperantes en terreno. No tuvimos que buscarlas nosotros, se nos adelantaron. Nos preguntábamos “¿si tienen tanto tiempo para hablar con todos los medios, tendrán tiempo para hacer su trabajo?”.Las ONG con una posición social crítica tienen que tener una política de comunicación autónomarespecto a los grandes medios. Una política de comunicación cooperativa, fiable y con vocación de influir en la sociedad.Los medios han caído en algunas ocasiones en simplificar una información muy compleja. La excusa de ofrecer una historia muy pegado a lo humano puede acabar desconfigurando la realidad.Las dinámicas de los medios no las vamos a marcar las ONG porque son empresas con intereses propios, pero sí podemos encontrar aliados estratégicos en personas concretas, sensibilizadas, que trabajan en los medios.
domingo, 25 de abril de 2010
Periodismo de terreno

A José Cendón le acaban de dar el Ortega y Gasset por un reportaje sobre Somalia. Su fascinación por los piratas somalís le costó un secuestro y aún así lo tiene clarísimo: más piratas somos nosotros. No va y viene: vive en África y aprovechando la presentación de otra expo, ayer nos recordaba el origen de los problemas del continente: "Se tiene la idea de que África es un continente abocado a la catástrofe y que los africanos se comportan así por naturaleza y que es culpa de ellos, pero no es así. Vivimos de ellos y se mantienen guerras para poder seguir expoliando".
En otra entrevista vuelve sobre lo evidente: "hay que luchar contra el sistema si te está maltratando".
Tampoco se muerde la lengua con los medios. Le llovieron los premios por un reportaje sobre psiquiátricos en Ruanda y se dedicó a explicar que en los jurados había gente a la que se lo había ofrecido y lo habían rechazado.
Y para completar la lección del fin de semana, una entrevista con John Lee Anderson en la web del Col·legi de Periodistes de Catalunya. ¿Para quién escribimos? ¿lo que se escribió sobre Haití le interesaría a los haitianos? La prensa internacional ha hablado del robo de niños, de los heroísmos de su gente y de las desgracias, menos de un 20% de las noticias sobre Haití han sido presentadas a través de alguien del país. Ellos y nosotros. Ellas y nosotras. "Encara no ens veiem com una aldea global". Y la gran pregunta ¿cómo interesar al lector sin caer en clichés y sin patetismos? Él intenta explicar historias desde la población autóctona, a través de sus ojos.
Y cuando le preguntan por los demonios del periodismo dice que son los propios periodistas. El miedo al futuro, a la desaparición de la prensa escrita, al periodismo ciudadano... falta de confianza en lo que uno hace, porque el periodismo no desaparecerá jamás. "Si fem alguna cosa, hi hem de creure, hem de tenir valor i convicció en ella".
Entre tanto fast-food, fotos y crónicas de largo recorrido. Los dos han publicado hace poco sus últimos libros. Cendón Billete de ida y Lee Anderson El dictador, los demonios y otras crónicas.
sábado, 3 de abril de 2010
Solidaridad comunicativa: reconstruir los medios locales y comunitarios
Reportaje de la Unicef TV sobre el trabajo de la ONG Internews en Haití
Tenemos celulares con 3G que se conectan a internet mientras envían mensajes de texto y traen cámara de fotos. El problema es que colapsa la red, te quedas sin electricidad para recargarlo luego de unas horas de uso y deja de cumplir su función de conectar, no sabes que está pasando. La madrugada del sábado vi como nos reuníamos en la oscuridad de las calles junto a los coches con radios a todo volumen para entender que estaba pasando, sin electricidad dependes del boca a boca de la gente y creeme que la gente habla todo lo que pueda, sin tener info confirmada. Las redes telefónicas son de las cosas que primero colapsan y dejan de funcionar como medio de comunicación.
…las compañías de telefonía celular como Entel y Movistar no funcionaron, la única que funciono fue Claro. Donde estaban los teléfonos satelitales, los equipos de radio frecuencia, que paso con los generadores, cuáles eran las opciones de respaldo. Uno escuchaba en radio a pila a Radio Bio Bio, y ellos pudieron ser el foco de información para gran parte de los chilenos en horas caoticas…
Si después de su terremoto, los chilenos dejaban sentencias como éstas en la red, en Haití la radio fue vital. Según Púlsar en el 80% de los hogares hay una radio. Rolphe Papillon, periodista haitiano de Radio Imagine, me contaba cómo los días posteriores al terremoto la gente recurría a su radio comunitaria para saber qué estaba pasando, y l@s supervivientes se acercaban hasta allí para informar a sus familias de que estaban viv@s.
"La información salva vidas y es tan importante como proveer comida, agua y techo, ¿de qué te sirve que se esté dando agua si no sabes dónde ir a por ella?". La ONG californiana Internews, de la que habla el video de Unicef, colabora con estaciones de radio haitianas y con reporteros locales y emite en creole. Su programa se llama Noticias que puedes usar/ Enfomasyon Nou Dwe Konnen en creole.
Y como nadie tiene más claro el poder de la información que el ejército americano, los marines repartieron en Haití 50.000 radios solares por encargo de la USAID, la agencia de cooperación ianquee, y coordinaron con el gobierno de Préval el uso de un avión especial de comunicaciones, el Comando Solo, para transmitir en algunas frecuencias (en este página del gobierno norteamericano fotos preciosas de los chicos con las radios).
Rolphe me explicó como las radios comunitarias haitianas habían nacido para la resistencia política y habían emitido en semiclandestinidad. Por mucho tiempo el creole les había dado independencia y libertad pero eso se acabó cuando USAID empezó a apoyar la “mejora técnica” de estas pequeñas radios y a darles capacitaciones, para poco después empezar a distribuir sus propios programas en creole. La capacidad de denuncia y coordinación se habían visto afectadas por esta desinteresada ayuda.
Dicen los expertos que "Es de vital importancia asegurar la coordinación del esfuerzo de reconstrucción y la incorporación de elementos de prevención y reducción de riesgos que permitan limitar las consecuencias de posibles desastres naturales futuros." Si algo nos han confirmado los últimos terremotos es que las nuevas tecnologías no deben reemplazar a las viejas, que "el radio am/fm sigue siendo un gadget importante que todos deberíamos tener”, y que hay que apoyar a los medios locales y comunitarios.
España será el cuarto donante de Haití, pero me temo que l@s haitian@s no se enterarán. Las cooperaciones españolas no tienen entre sus prioridades la de la información pero AMARC, la Asociación Mundial de Radios Comunitarias, tiene una campaña para la reconstrucción de las radios comunitarias de Haití y Chile que quedaron afectadas por el terremoto. ¡Solidaridad comunicativa ya!
viernes, 2 de abril de 2010
Otra foto de Haití (I)
AP Photo/Esteban Félix en Haiti, 70 days latermiércoles, 3 de marzo de 2010
El espectáculo del horror

Me sorprendió que la gente pudiera mirar tanto rato esos primeros planos gigantescos de caras arrasadas de mujer pakistaní. Jordi dudaba de que los museos actuales fueran los sitios más adecuados para exponer esas fotos, para “disponer” la mirada, pero lo que seguro no merecía esa mirada mutilada era su banalización vía reproducción masiva en formato publicitario, en vallas y carteles, por medio Barcelona.
¿Dónde está el límite de lo que no soportamos ver, de lo que no querríamos ver nunca? ¿cómo desacostumbrarse o protegerse contra el deseo incentivado de ver determinadas imágenes?
“Todo puede realizarse, todo puede verse. Las fronteras entre ficción y realidad son cada vez más borrosas; hasta el punto que el espectador pierde la conciencia de lo real, se acostumbra a todo, tanto a la muerte convertida en espectáculo como a la indiferencia que le sirve de cortejo”
Aún nos da otra buena pista que seguir: distinguir entre la compasión y lo compasional, la propia expresión de una compasión ausente, una especie de discurso social de la compasión que alimenta con buenas intenciones la ausencia de actos.
Al día siguiente de publicar ese artículo me topo en el mismo diario (el mío a mi pesar, el de siempre) con otra pieza sobre Haití, Morir dos veces, ilustrada con una foto fácil de fosa común, de cuerpos amontonados por sepultar. El grueso del minireportaje lo constituyen las declaciones de Morris Tidball-Binz, forense del CICR: el respeto que muestra por las víctimas haitianas no merecía ser ignorado con una foto así.
¿Publicarla o mirarla nos costaría más si el amasijo fuera de cuerpos blancos? ¿quienes son los bárbaros?
viernes, 19 de febrero de 2010
Como contar las catástrofes (II)
Carpentier “vio” lo real maravilloso en Haití. En El reino de este mundo Haití es la promesa y Europa y su segunda gran guerra el fracaso de la civilización europea.
Hay que aprender del Sur. Muchos países, conscientes de su vulnerabilidad, trabajan en cómo gestionarla. La Iniciativa de la Comunicación tiene un contenedor específico con documentación sobre gestión del riesgo (uno de esos resultados de la cooperación que nunca se saben explicar ni difundir), y del trabajo de la CAN en prevención de desastres con periodistas ha salido una publicación fantástica, Periodismo público y gestión del Riesgo. ¿Qué saben ya? ¿qué pueden contarnos?
Primera pista: "dejar de culpar a la naturaleza como la responsable de los desastres, y asumir que los riesgos son procesos construidos socialmente. Es decir, que para que el riesgo exista se necesitan fenómenos peligrosos y condiciones de vulnerabilidad que son generadas por los seres humanos”.
Como explica l'Escola de Cultura de Pau, Haití es técnicamente una emergencia política compleja: una situación causada por el ser humano, en la que se producen víctimas por efecto de un conflicto armado, desplazamientos y hambrunas, combinado con un debilitamiento o colapso total de las estructuras económicas y estatales, y con la presencia eventual de una catástrofe natural. Las emergencias se diferencian de las crisis humanitarias en sentido estricto porque persisten durante largos períodos de tiempo, tienen un origen fundamentalmente político y provocan consecuencias humanitarias más graves.
Segunda pista: reconsiderar el uso de determinadas imágenes. Excelente David Trueba, creador, y ahora crítico, de imágenes…
“El peligro que corremos tras la torrentera de imágenes es el de la banalización, el efectismo sin sustancia, el abuso de la emoción, hasta degenerar en la indiferencia. Hay demasiadas pantallas, demasiadas ventanas, para que cualquier suceso no pase a ser carnaza, alimento del morbo y finalmente una vulgaridad. La repetición, la carencia de contexto, pueden pervertir una imagen hasta su vaciado. Ayer se emitían, en bucles sin fin, imágenes demoledoras a espaldas del locutor o la presentadora, como un forillo, un relleno, convirtiendo el horror en un mero elemento decorativo. Esas imágenes, algunas espectaculares, deben tratarse con mimo y cuando no cumplen la función básica para la que fueron tomadas preservarse como un tesoro. Es un oficio complejo el de informar, cuya virtud reside en la medida exacta. No se trata de ordeñar la vaca del dolor ajeno provocando un chaparrón emotivo, sino de excitar aquella neurona que nos hace más conscientes del lugar que el ser humano ocupa en el universo. Nos deja más tristes, pero mejor informados”
“Ese testigo de excepción que es el ciudadano hace su aparición en los medios de comunicación como un ser impotente, desvalido que lo ha perdido todo incluso la capacidad de tener un discurso sobre el tema, si es que alguna vez la tuvo, especialmente porque en la mayor parte de los casos las víctimas son pobres que no solamente estaban en condiciones de vulnerabilidad sino que nunca han sido consideradas personas que puedan expresarse sobre sus problemas y sobre las alternativas de solución. Esta es una condición general a la que recluye el discurso periodístico a los ciudadanos en todos los casos, pero que se hace más evidente en el caso de los desastres (…); en el fondo no considera al ciudadano una fuente legítima, porque las fuentes legítimas producen hechos y los ciudadanos no producen hechos sino que los padecen. Es decir, los ciudadanos son la voz pasiva. Y aun cuando aparecen en los relatos mediáticos por su privilegiada condición de testigos excepcionales de los acontecimientos, ese testimonio solicitado por el periodista los confina al lugar de la víctima. Ya se ha dicho que se resaltan sus condiciones de impotencia como elemento melodramático de la narrativa periodística. (…) Los efectos de esta práctica son mucho más profundos que simplemente un acto de exclusión del espacio mediático. Constituye, en el fondo, un acto de exclusión política”.
Cuarta pista: documentarnos sobre la historia reciente (o no tanto) y sobre el contexto, y siempre consultar fuentes/expert@s locales y dar legitimidad y espacio a la sociedad civil organizada. Si algo había en Haití eran ONG y asociaciones, y muchos artistas. Y ahí no vamos a encontrar pasividad y victimismo. Ruti, de Medicos del Mundo, confirma que el personal local que están contratando tiene un excelente nivel de formación. ¿Por qué eso no se cuenta?
Quinta pista: puesto que el cambio climático favorecerá nuevos desastres (también seguramente en nuestra parcelita del mundo), no estaría demás “crear entre los profesionales de la comunicación una cultura de desastres, evitando así caer en errores o facilismos; favorecer las relaciones entre organizaciones, medios y autoridades para que la información sea cada vez más apegada a la realidad, más objetiva y más consciente sobre los contextos del desastre”.
Para empezar podríamos no olvidarnos de este tema hasta la próxima.
Sexta pista: siendo importante la cobertura y el apoyo durante los desastres, lo es más la orientación a la prevención y a la mitigación pero, claro, este enfoque se da de patadas con la “noticiabilidad” y el negocio. Ana María Miralles, mamma del Periodismo Público latinoamericano, dice que “la verdadera transformación del periodismo no pasará por las lógicas del mercado sino por el cambio en el punto de vista desde el cual los periodistas narran la realidad. Lo que se propone es que ese punto de vista sea el del desarrollo sostenible en relación con los derechos humanos de los afectados”.
Gustavo Wilches-Chaux nos da la clave de lo que sería un buen periodismo “de desastres”: hacer una evaluación de si la información que ofrecemos contribuye a que las comunidades sometidas a una amenaza de cualquier tipo y origen (natural, socionatural o antrópico) ganen mayor control sobre sus vidas y su destino, o si, por el contrario, refuerza la condición de ‘víctimas impotentes’.
¿Y no sería un buen criterio para cualquier periodismo que trabaje por un mundo mejor para tod@s?
miércoles, 10 de febrero de 2010
Haití, ONG y comunicación
domingo, 7 de febrero de 2010
Cómo contar las catástrofes (I)
Ante la crítica al sensacionalismo y a los enfoques inadecuados de la cobertura informativa, algunos periodistas se revuelven: mejor para vosotros, más reacción, más dinero para las ONG. Y aún más perverso todavía que los propios haitianos lo crean también…
“el meu espòs encara no ha pogut venir amb mi. És haitià. Parlo amb ell cada dia, jo li explico el que sabem des d' aquí i ell el que es veu o es sent allà. Li vaig explicar la cruentor d'algunes imatges d' algunes cadenes de televisió; li deia que no feia falta, que ho fan per cridar l' atenció de l' espectador i que em semblava brut. I ell em va respondre que nooooooo, que ja estava bé així, que si no ens oblidaríem abans d' ells!”
Pero algunos buenos periodistas saben que no deben suplir el desconocimiento con sentimentalismo, y que no deben lastimar aún más a los afectados por una tragedia con crónicas o fotos que ofendan su dignidad, personal o colectiva.
O sea, no olvidar que no somos ni comparsas ni enfermeras.
(…) Lo nuestro es contar las noticias. No es tan complicado. Aquí un terremoto, aquí hay tantos muertos, aquí hay hambre. A poder ser explicando un poco por qué, cómo, cuándo, quién y pequeños detalles así. Intentando que se entienda. Y no liarlo todo.
Fran Sevilla de RNE:
Y sobre todo, Joaquim Ibarz de La Vanguardia (en la foto), maestro de corresponsales, que denuncia clara y abiertamente la visión sesgada que se ha dado, sobre lo que estaba ocurriendo en Haití.
"Cualquiera que haya seguido la catástrofe de Haití tan sólo por las imágenes que han transmitido las cadenas de televisión de todo el mundo, habrá sacado una visión parcial, incluso deformada, de lo que ha pasado en la golpeada nación caribeña. Durante dos semanas, los telediarios y muchos periódicos, se han volcado en mostrar actos de violencia, saqueos donde no había nada que saquear, desórdenes en la entrega de ayuda, tiros al aire de la policía para disolver trifulcas ante camiones de reparto.
Con excepciones, como los enviados de TV-3 y Antena-3, éste es el Haití distorsionado que han mostrado la mayoría de los medios, plegándose a cierto amarillismo, cebándose en lo trágico, sin enseñar la realidad de un pueblo que pide respeto, dignidad y trabajo. Ni una cadena, ni una agencia, se interesaron por la destrucción del Museo Nader, principal patrimonio cultural de Haití, que mostraba la mejor colección de pintura naïf del mundo. De 15.000 cuadros, apenas se rescataron 400.
(...) Centenares de periodistas han recorrido en frágiles motocicletas, día y noche, calles atestadas de damnificados sin que nadie haya sufrido un intento de asalto, ni una muestra de hostilidad.
(...) En el semi derruido Hotel Villa Creole, feudo de muchos periodistas españoles, hemos dejado cámaras, dinero y teléfonos satelitales en cuartos que no cierran: a nadie le faltó un centavo. Los ordenadores permanecen sin vigilancia horas y horas en improvisadas mesas de trabajo mientras los reporteros recorren la ciudad. No desapareció ni un enchufe.
(...) De las ruinas del terremoto emerge un pueblo noble, sufrido, de brillantes aportes en la pintura naïf, la música y las artesanías, que reivindica la raza negra, mantiene la cultura de sus ancestros y busca superar una historia de satrapías y racismo que hiere la dignidad humana."
La Vanguardia publicó esta opinión de su corresponsal (cosa muy inhabitual) y ha vuelto a abordar el tema con una pieza titulada Cuando la visión obscena de la pobreza se convierte en materia prima de la guerra por las audiencias. Muestra muy bien como las pobrezas del Raval y de Haití comparten "modelo" des-informativo.
Begoña Román, miembro de la Comisión de Seguimiento de Código Ético de la Federació Catalana d'ONGD niega de plano que la divulgación de imágenes de personas postradas por la miseria tenga "la más mínima eficiencia social". Todo lo contrario, alienta "la indiferencia en la medida en que está unida al entretenimiento". "La espectacularización de la miseria es una nueva versión del pan y circo".
lunes, 25 de enero de 2010
La Aecid y los periodistas
Se extiende la crítica a la cobertura sobre Haití entre los propios periodistas y las instituciones especializadas.Núria Ribó en 59 segundos le preguntó a la embajadora de Haití en España (una fuente local: bien!) por algunas imágenes que, según ella, rozaban lo publicable. La embajadora estuvo contundente: basta de “esas” imágenes. Además, a los salvadores estadounidenses les recordó el Katrina, dijo que esperaba que las "peleas" de los donantes se tradujeran en un apoyo real y continuado, sin imposiciones, se mostró partidaria de "ordenar" el trabajo de las ONG y aseguró que, por supuesto, los haitianos podían hacerse cargo de su país, porque seguía viva mucha gente capaz.
Jacobo G. García, de El Mundo, debe haber levantado ampollas con su crítica pública a los compañeros desplazados a Haití: Rosa María Artal, ex de TVE, por su parte, ha matizado esta crítica muy adecuadamente: si no queremos militarización de la ayuda, tampoco espíritu guerrero en las crónicas. Milagros Pérez Oliva se ocupa del tema como Defensora del Lector de El País, pero se limita a responder a las críticas sobre la publicación de ciertas fotos, sin entrar en otros debates de profundidad.
Desde el sector, Francisco Rey y Jesús A. Núñez, del Iecah, resumen muy bien la indignación de los que nos dedicamos a la cooperación y los conflictos por esta “barra libre para la solidaridad de todo a cien” en que se han convertido las radios y televisiones.
En una de las cosas que acierta el periodista de El Mundo es en plantear cual debe ser el papel de la Aecid o de las las diferentes agencias de cooperación en estos casos: ¿facilitar el transporte y el alojamiento a los periodistas?, ¿ procurar que aparezcan sus logos en las crónicas?, ¿no sería mejor asegurarse de que los periodistas saben algo de ayuda humanitaria y de políticas de cooperación, o que disponen de información alternativa a la previsible? ¿los gabinetes de prensa de estas agencias orientan su trabajo según las estrategias que ellas mismas marcan de sensibilización y educación para el desarrollo?
En las facultades españolas solo un par de posgrados forman en periodismo de conflictos y paz o en periodismo preventivo. La Estrategia de Educación para el desarrollo de la Aecid, establece como línea prioritaria la “sensibilización y promoción de la educación para el desarrollo entre los profesionales de los medios de comunicación”. La cobertura sobre Haití muestra hasta qué punto esta tarea es prioritaria y urgente.
La Aecid se plantea incorporar asignaturas especializadas en las facultades de Ciencias de la Información; organizar seminarios, talleres y jornadas dirigidas a informar, formar y orientar a los profesionales de la información; incentivar su participación en reuniones nacionales e internacionales relacionadas con el desarrollo; fomentar y organizar encuentros de agentes y medios de comunicación de países donantes y socios para estudiar fórmulas que hagan posible el fomento de redes de comunicación alternativas, y que la voz del Sur sea la protagonista de la información transmitida en los países donantes, o crear un programa de intercambio que permita que profesionales de los medios de comunicación o estudiantes puedan realizar estancias formativas o de intercambio en medios de comunicación de los países socios, y en organismos internacionales relacionados con la cooperación al desarrollo.
Sólo medidas como éstas permitirán a los profesionales sensibles especializarse o descubrir por qué las coberturas actuales de catástrofes son contraproducentes para cualquier tipo de desarrollo futuro, y por qué reflexiones como las de M. Riviere son más profundamente educadoras y útiles, que las miles de páginas de Internacional desaprovechadas estos días:
Edificante principio de año: salvamos negritos en Haití mientras tratamos de hacerles la vida imposible en Vic, por ejemplo. Recorremos miles de kilómetros para alardear de generosidad y desprendimiento -caridad, al viejo estilo- en la feria de la beneficicencia global, pero somos incapaces de hacer un hueco a quien acude a nosotros.
viernes, 22 de enero de 2010
Lo que ha hecho Piqueras en Haití
Piqueras lo ha conseguido: puede montar su propia agencia de adopción cuando vuelva. Y aprovechar para escribir un libro o el guión de una miniserie, sobre la experiencia. Después de su crónica “Miles de niños huérfanos deambulan por las calles” (¿cómo confirmó que lo eran?) cientos (cientos!!!!!) de personas se han ofrecido en su blog para adoptar a esos niños haitianos.
Algunos comentarios que se repiten:
Dios mío!!! SAQUEN A ESOS NIÑOS DE ALLI!!!Por cada avión de alimentos que manden para alla, pongan un avión para los niñitos que deambulan por Haití. Con algún tipo de identificación y un documento en la mano que diga que los tenemos, sólo hasta que se encuentre a sus papas o a su familia. Pero sáquenlos de allí, por favor.
Yo tambien estaria dispuesta a acoger a algun niño, si es para siempre mejor que mejor..pero da igual si fuera por un tiempo y tuvieran la suerte de volver con alguien de sus familias…No se donde dirigirme, asi que por lo menos dejo mi direccion para por si acaso….
Yo también me traería un niño para cuidarlo hasta que se localizase algún familiar o lo adoptaría. Porque cierran ahora las adopciones que es cuando más lo necesitan. Por favor Pedro haz alguna gestión (…) Que lo digan en los telediarios a dónde debemos dirigirnos…
Mientras, Unicef alerta del robo de niños en el país. En medio del caos propio de estas situaciones, el sensacionalismo mediático y la repetición de imágenes de niños llorosos generan estas reacciones bienintencionadas, que son gasolina para alimentar el motor del tráfico de niños. Sin duda una de las consecuencias más graves de este tipo de coberturas informativas sobre catástrofes.
El País recoge así esta noticia:
Después de reunirse con el gabinete de crisis, el representante de Unicef anunció que el Gobierno haitiano le ha prometido reforzar la seguridad en el aeropuerto, que hasta ahora había sido un desbarajuste. A Cornale le consta que, aprovechando la confusión de la tragedia, desde el aeropuerto de Puerto Príncipe están despegando aviones con niños raptados.
(...) Unicef ha creado dos centros de acogida para reunir a los pequeños perdidos que vagan por las calles. El primer objetivo es devolvérselos a sus padres, si es que viven, y, si no, a sus familiares, si es que todavía tienen. Sólo en el caso de que se acredite que se han quedado huérfanos, se entregarán en adopción, pero ésta tendrá que ser supervisada personalmente por el primer ministro de Haití.
En el blog que ha abierto Unicef sobre Haití, confirman la avalancha de consultas sobre adopción de niños haitianos y explican por qué ahora deben paralizarse y, sobretodo, por qué esos niños, preferiblemente, han de quedarse en su país:
Haití necesita disponer de todos sus recursos, y su recurso más valioso son sus niños y niñas. Muchas, muchísimas gracias a todos los que estáis dispuestos a darles todo lo que no tienen, pero en estos momentos lo poco que tienen es la base sobre la que pueden construir su futuro y el de su país. Démosles esa oportunidad ayudándoles a rehacer sus vidas junto a los suyos.
¿A alguien se le pasó por la cabeza adoptar a los niños huérfanos del Katrina? ¿Cómo España es el país con más paro de la UE, los alemanes o los holandeses deberían adoptar a nuestros niños? Cualquier imagen o comentario periodístico que insinúe que un país empobrecido no es “capaz” de hacerse cargo de sus niños es, primero, ofensivo para ese país y, después, cuestionable si no se acredita un conocimiento profundo de las redes sociales, tradicionales o institucionales de atención y protección de la infancia, diferentes en cada cultura y sociedad. En cualquier caso, una solidaridad bien entendida pasa por dar apoyo o ayudar a fortalecer esas redes.



